lunes, julio 31, 2006

ya no somos los mismos


La quietud de nuestros heroicos músculos, todos al servicio de nosotros mismos, en el cómplice recoveco en el que nos transamos para no prender tanto la estufa, y por que no decirlo, el acostumbramiento a ser el molde tuyo o la cavidad de tu original, sin contar los otros muchos beneficios en los que me encuentro, al casi ya un año de los inicios. Nada que ver y todo a la vez de este mal momento que nos atesora el destino, la historia vivida como si fuéramos de acero, como si la dictadura nos hubiese preparado para algo y no fuese en si el trauma post, ya vamos viendo que desde el suelo no nos podemos parar sin que nos sigan lloviendo patadas a la inconciencia. Estamos todos parados aquí, todos sobre esta isla llamada planeta tierra. Y no se que hacer, no se que decir, en la pena interna de estar feliz por ti y la mierda vivida en el aprendizaje interno y cotidiano de la misma sangre, dice el Moncho: por qué parece que se puede.

Y no, no es posible lograrlo, cuando el fracaso viene con denominación de origen, cuando aprendemos a levantarnos, que eso es lo que hacemos, cuando las noches se llenan de imágenes que nos atormentan, como levantarse para ir a la habitación del lado, y esa queda en otra dirección, cuando los llantos de la enfermedad solo te llegan de urgencia, cuando las tareas se vuelven amargas y solo una situación esporádica al diario vivir, no compañero, no soy la demostración de que se pueda, solo una muestra a penas representativa de que se resiste, como lo hemos hecho durante años, décadas, siglos de dominación.

PLANETA SUDAKA, la pena circula, y por lo menos ellas hacen que no se estanque.

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